En 1990 la fundación, me encargó realizar una investigación de la problemática de los niños de y en la calle en la Cuidad de Quito y en especial en Toctiuco para ver la posibilidad de realizar un trabajo con estos niños, niñas y jóvenes.
Por este motivo, yo tenia que recorrer el barrio y buscar niños que estén en la calle, conversar con ellos para poder saber cual era su situación familiar y sus problemas familiares, un día lunes en la mañana llegue a la cancha de fútbol del barrio de Toctiuco, era un sitio polvoriento y solitario, donde encontré un grupo grande de niños y jóvenes que allí estaban. Ellos al principio estuvieron muy sorprendido por mi presencia, muchas dudas vi en sus caras, también agresividad y temor, les explique que yo era de la Fundación y que quería ver a niños y jóvenes que jugaran bien fútbol para hacer un equipo, en sus ojos vi mucha inseguridad pero mas pudo el imán de un balón y de la promesa de que el que ganara recibiría una cola y un pan para ellos acepten jugar conmigo.
El juego dio inició, el ambiente era muy agradable, ellos hacían su mejor esfuerzo, pero poco a poco el juego se fue convirtiendo cada vez más rudo y violento, en un momento un niño de aproximadamente 12 años le puso el pie muy fuerte a otro de unos 13 años, el cayo y se lastimo la rodilla y comenzó a sangrar, no era una herida profunda pero el chico estaba muy enojado por la falta que le habían hecho, de pronto una sensación horrible me rodeo todo mi cuerpo, cuando este niño saco un cuchillo y amenazó al otro con cortarle, tuve que rápidamente acercarme y ponerme entre los dos, les pedí que se tranquilizaran, que yo pagaría las colas, el pan y que yo curaría las heridas al niño, esto les tranquilizó a los dos y a los demás, la violencia en sus caras y ojos era evidentes, sus rostros llenos de odio fruto del maltrato y el abandono de sus familiares.
Me sentí muy triste, confundido y un poco temeroso de lo que les podía pasar a los niños en este ambiente de violencia e inseguridad en la calle, luego pudimos conversar y me contaron lo que hacían, sus sueños, sus temores y esperanzas.
Este me enseño que la problemática de los niños en la calle era y es muy grave, que la fundación debería con su propuesta educativa buscar apoyar a estos niños y jóvenes, sentir en carne propia tanto odio y malestar, sentir el riego en que ellos están permanentemente en la calle, darse cuenta que el maltrato que reciben los niños y jóvenes en su casa es muy profundo que marca en su vidas de dolor y amargura.
Esto también me hizo reflexionar en la parte personal, ratificando en mi la decisión trabajar por estos niños y jóvenes, ese año iniciamos el trabajo en el Refugio luego de terminada la investigación y estuve durante 6 años trabajando con estos niños en la calle y en el Refugio hasta que fui nombrado director de la Fundación. Desde ese año la fundación se a puesto como línea de trabajo los niños de la calle y la lucha contra el maltrato y el abandono de los niños en la calle.
G. Ordoñez

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